domingo

NUESTRA HISTORIA

La Federación de Asociaciones Médicas 
Homeopáticas Argentinas


Por el Dr. Mario Draiman

A comienzos del año 1971 se produce un cisma en la Asociación Médica Homeopática Argentina. En ese año, debido a disputas aparentemente de predominio más político que doctrinario, un grupo importante de docentes, encabezado por el Profesor Dr. Tomás Pablo Paschero, que había sido uno de los fundadores de la AMHA en 1933, se escinde de la entidad madre, y en conjunto con otros destacados docentes funda la Escuela Médica Homeopática Argentina  (EMHA)  a mediados de ese año, quedando la AMHA presidida por el Dr. Francisco Xavier Eizayaga.
En 1975, en la Provincia de Córdoba se inaugura el Centro de Estudios Médicos Homeopáticos Hahnemannianos de Córdoba (CEMHHC), orientado por el Dr. César Cremonini, el cual comienza como un grupo de estudios hasta que en 1979 obtiene su personería jurídica.
Estas escuelas se cierran durante muchos años en compartimentos estancos, realizando su desarrollo institucional dentro cada una, de su micro ambiente.
Además no se debe negar que entre la AMHA y EMHA queda un recelo mutuo, que hasta causa que ambas se ignoren.
Podemos decir que esta situación persiste hasta noviembre de 1984, en que la EMHA organiza el 39º. Congreso de la Liga Médica Homeopática Internacional, en Buenos Aires, siendo invitada y aceptando participar la AMHA. En la crónica de dicho evento se resalta: “No menos importante fue el acercamiento y la colaboración de la AMHA cuyos miembros, de gran prestigio dentro de la Homeopatía, apoyaron nuestra empresa desde los comienzos…”
A partir de esta circunstancia comienza el deshielo que culmina con una reunión cumbre entre las tres entidades, promediando el año 1986, de la que participan los Dres. Jorge Casale y Mario Draiman  por la AMHA; Shuji Murata y Luis Detinis por la EMHA y César Cremonini y Daniel Altuna por el CEMHHC, en la cual se decide la realización de congresos conjuntos, bianuales y se conviene en denominarlos Congresos Unificados de Escuelas Médicas Homeopáticas Argentinas, realizándose el primero entre el 26 y 31/10/87.
Se suceden otros tres: el segundo desde el 4 al 8/9/90, el tercero desde el 25 al 28/10/92, y el cuarto desde el 20 al 24/9/94.
El acercamiento de las escuelas se hace cada vez más ostensible y la relación de afecto y camaradería entre todos sus integrantes cada vez mayor.
Con este clima se decide crear una federación que nuclee a todas las entidades argentinas y ello se logra luego de muchos esfuerzos legales y administrativos el 22 de abril de 1995, fecha en la que se redacta el acta de la Federación de Asociaciones Médicas Homeopáticas Argentinas y se aprueba el estatuto por el que se regirá esta entidad.
Firman el acuerdo los Dres. Miriam Valleroto, Daniel Altuna, César Cremonini y Juan Roa por el CEMHHC; Juan Schaffer, Alicia Massimilla, Jorge Marasco y Ariel Medina por la EMHA y Mario Draiman, Julio Ambrós, David Milstein y Eduardo Yahbes por la AMHA.
Los principales propósitos expuestos son:
a) nuclear a las instituciones homeopáticas hahnemannianas;
b) comunicar a los asociados los estudios y  progresos en el campo de la medicina homeopática;
c) favorecer la implementación de las actividades de sus afiliadas, creando el marco científico institucional más adecuado a tal fin.
La primera Comisión Directiva queda constituida de la siguiente  manera:
Presidente: Mario Draiman, Vicepresidente: César Cremonini, Secretario: Eduardo Yahbes, Tesorero: Jorge Marasco, Vocales Titulares: Juan Schaffer; Miriam Vallerotto; Julio Ambrós, Vocales suplentes: Alicia Massimilla; Daniel Altuna y David Milstein.
Se conviene en continuar con los congresos conjuntos, que pasan a denominarse Congresos de la FAMHA, realizándose el primero del 20 al 23 de noviembre de 1996, y continuando bianualmente hasta la fecha.
Con posterioridad se van incorporando otras instituciones: el Instituto de Altos Estudios Homeopáticos J.T.Kent, la Academia de Homeopatía del Tucumán, la Fundación Centro Argentino de Homeopatía Hahnemanniana, la Asociación Médica Homeopática de Tucumán, la Academia de Homeopatía Dr. Constantino Hering y la Fundación Homeos. El 16 de diciembre de 1999 se crea el Colegio de Médicos Homeópatas de la FAMHA.
La creación de la FAMHA en definitiva, afianzó el desenvolvimiento de la homeopatía unicista en nuestro país; terminó con falsos recelos, egoísmos y aislamientos académicos, estimuló  nuestra confraternidad, además de favorecer el necesario intercambio de conocimientos y pensamientos, pero sobre todo nos unió en un frente común que tiene como norte indeclinable  la salud y el bienestar de nuestros prójimos, con el afán -como quería Hahnemann- de así poder todos alcanzar los más altos fines de nuestra existencia.

El Centro de Estudios Médicos Homeopáticos Hahnemannianos de Córdoba

El Centro de Estudios Médicos Homeopáticos Hahnemannianos de Córdoba (CEMHHCba) tiene sus orígenes en el año 1975, cuando autoridades de la Escuela Médica Homeopática Argentina (EMHA), habiendo tomado conocimiento de la existencia de médicos homeópatas que ejercían en la ciudad de Córdoba, los invita a formar un grupo de estudio en su institución. Las reuniones se realizaron en la casa del Licenciado en Farmacia Sr. Schaffer, tío del Dr. Juan Schaffer. A la primera de ellas concurrieron los doctores Miguel Carballo, Piñol, Luis Pedro De Lellis, César Cremonini, Daniel Altuna, Fernández Vega, Eloy Follonier y Montes, entre otros.
A este grupo de estudio se incorpora la Dra. Miriam García de Vallerotto en febrero de 1976. En ese mismo año, el grupo organiza en Córdoba el primer Congreso de Homeopatía realizado en la República Argentina y se inaugura el primer monumento en honor a Hahnemann en la provincia de Córdoba. Posteriormente se unirían al núcleo fundador varios estudiantes de medicina, entre los cuales se encontraban Antonio Martoccia, Mónica Zurchmitten, José Zelaya e Ivón Pérez Hendricks. 
Durante el año 1978 el grupo se traslada a Pasaje Tomás Bordone 45, propiedad del Dr. Cremonini, con el objetivo de continuar allí sus estudios y se habilita el primer consultorio de homeopatía para enseñanza y práctica de la misma. En 1979 se obtiene la personería jurídica, tramitada por el Sr. Gregorio Bendersky, iniciándose como primera escuela de Homeopatía del interior del país con el nombre de Centro de Estudios Médicos Homeopáticos Hahnemanniano de Córdoba (CEMHHCba), donde se dictan clases periódicas a cargo de docentes de la EMHA como los Dres.Tomás Paschero, Eugenio Candegabe, Alfonso Massi Elizalde, María Clara Bandoel, Luis Detinis, Juan Schaffer, Luis Cordi, Giampaoli, y de la AMHA (Asociación Médica Homeopática Argentina), entre otros el Dr. Francisco Xavier Eizayaga.
En 1984 se establecen guardias de fines de semana y feriados a cargo de los Dres. Humberto Avessani, Beatriz Firpo, Cristina Dellasiega, Nora Bazán y Aurelio De María, bajo la jefatura de la Dra. Miriam García de Vallerotto. 
En 1987 el CEMHHCba tiene a cargo la organización del 1° Congreso unificado de las Escuelas Médicas Homeopáticas Argentinas y en 1992 la Liga Homeopática Internacional asigna al CEMHHCba la organización del 47° Congreso Internacional. 
En 1998 el CEMHHCba organiza el 2° Congreso de la F.A.M.H.A. en Huerta Grande, Córdoba.
En 1999 la Escuela se traslada al domicilio de su propiedad, sito en 9 de Julio 1606 de la ciudad de Córdoba, donde funciona actualmente
En 2003 se inicia el proyecto para incorporar a los médicos veterinarios en los cursos, a cargo de los Dres. Noval y Formento.
En 2006 el grupo de farmacéuticos de nuestro Centro participa en Congreso realizado por el Colegio de Farmacéuticos de Córdoba.
En 2008 el CEMHHCba participa de las Jornadas de Medicinas Alternativas de la Universidad Católica de Córdoba. A partir de entonces es invitado a dictar anualmente el Seminario Teórico Práctico en Medicina Homeopática que ofrece dicha Universidad a los alumnos del último año de la carrera de Medicina, donde se realiza una introducción a la homeopatía, sus principios y doctrina. 
En 2010 organiza el 8º Congreso de la FAMHA, el 62º Congreso Panamericano de Homeopatía y el VIII Congreso Latino Americano de Materia Médica en Huerta Grande, Córdoba.
Desde el año 2000 el CEMHHCba participa regularmente de los congresos organizados por la Liga Médica Homeopática Internacional y los congresos de la FAMHA y de las escuelas federadas.
En la actualidad dicta anualmente el curso teórico-práctico de Medicina Homeopática para graduados en medicina, odontología, farmacia, veterinaria y enfermería, de acuerdo al programa de la Liga Médica Homeopática Internacional, incluyendo atención a pacientes en forma mensual. Periódicamente recibe también a docentes de otras escuelas del país, quienes son invitados a participar en los talleres, seminarios y ateneos de post-grado.

La Academia de Homeopatía Dr. Constantino Hering

El día 7 de diciembre de 1999 fue autorizada como persona jurídica la Asociación Civil  “Academia de Homeopatía Dr. Constantino Hering”, constituida legalmente el 30 de abril de 1999.
La propuesta fue crear una escuela de Homeopatía no sólo para la difusión de la misma, sino también para reunir a un grupo de médicos, odontólogos, veterinarios, farmacéuticos y profesionales de otras disciplinas para exponer sus ideas y discutirlas respetando los diversos marcos teóricos.
Se dispuso también la creación de consultorios con aranceles institucionales que permitieran asistir a pacientes con menores recursos económicos.
La Comisión Directiva estuvo constituida por los siguientes miembros:
Presidente: Dr. Luis Detinis, Secretaria: Dra. Marta Arroqui, Tesorero: Dr. Carlos Salzman, Primer vocal titular: Dra. Adriana Fernández, Segundo vocal titular: Dr. Luis Grebnicoff, Primer vocal suplente: Dr. Juan Alberto Pombar, Segundo vocal suplente: Dr. Guillermo Salmerón. Integrando la Comisión Revisora de Cuentas, su titular, Dr. Edgardo Diment y como Suplente Dra. Nora Colik.
La Comisión Directiva resolvió por votación unánime designar como director del curso de homeopatía al Dr. Carlos Salzman y como secretaria a la Dra. Nora Colik como director de ateneos al Dr. Guillermo Salmerón, como directora responsable de la atención de consultorios externos a la Dra. Marta Arroqui y como titular del curso para odontólogos al Dr. Juan Pombar. La Comisión de Ética quedó a cargo de los doctores Luis Detinis, Adriana Fernández y Luis Grebnicoff. El departamento de Relaciones Institucionales y de Informática a cargo de la Dra. Marcela Casais; el departamento de Publicidad y Prensa a cargo del Dr. Edgardo Diment y la Comisión de Revista integrada por los doctores Adriana Fernández, Juan Pombar y Edgardo Diment.
El día 21 de septiembre de 2000 fue inaugurada la actual sede de la Academia y en el acto inaugural se descubrió una placa recordatoria al Dr. Tomas Pablo Paschero en la puerta del aula que lleva su nombre. Ese mismo año se incorpora como profesor titular el Dr. Rubén Rosset, a cargo del curso para veterinarios.

El Colegio de Médicos Homeópatas de la FAMHA

A causa de la especial situación de la Homeopatía en la Argentina y de la consecuente desinformación reinante acerca de ella, era muy frecuente que el público identificara a los médicos homeópatas con especialistas en Flores de Bach, iriólogos o,  lo que es más grave, con médicos que engañan a sus pacientes prescribiendo placebos o peligrosos anorexígenos anfetamínicos en forma solapada.
Quienes ejercemos la Homeopatía Unicista Hahnemanniana sabemos que no hay nada más alejado de la realidad que estos conceptos calumniosos y descalificadores sobre una Medicina que durante más de dos siglos ha dado sobradas pruebas de efectividad  e idoneidad en el tratamiento de todas las patologías que afectan a la Humanidad en general y a cada ser humano en particular.
Frente  a esta situación tan especial, el médico homeópata solamente podía  hacer valer su voz individual desde correos de lectores o escasas oportunidades periodísticas aisladas, padeciendo siempre el escarnio de la duda y la sospecha infundada de que quería llevar aguas para su propio molino, es decir que defendía  una posición propia, y no las fehacientemente comprobadas virtudes de una Medicina nacida en la inspiración genial de un médico que dedicó su vida a probar la efectividad de su creación en el hombre, sufriente caminante de mil penurias sin destino real de curación.  
Ante esta realidad, la Federación de Asociaciones Médicas Homeopáticas Argentinas decide fundar el Colegio de Médicos Homeópatas de la República Argentina, el cual es  reconocido, por Resolución Nº 1379/99, con fecha 16 de diciembre de 1999, para funcionar en todo el territorio de la República Argentina  y cuyo objetivo principal es hacer conocer de manera inequívoca los postulados de Hahnemann y defender los derechos de los médicos homeópatas unicistas.
La creación del Colegio contribuye desde entonces a fortalecer en el público la imagen de los verdaderos homeópatas y a favorecer la diferenciación de la Homeopatía con respecto a otros prácticas que ninguna relación tienen con ella.
De acuerdo con su Reglamento de fundación, el Colegio tiene por funciones:
A)    Organizar el registro de los médicos homeópatas asociados a las entidades nucleadas en la FAMHA a fin de procurar la jerarquización de los profesionales del arte de curar de la homeopatía;
B)    Otorgar recertificaciones a los colegiados;
C)    Fiscalizar la práctica ética de la medicina homeopática en el marco del Código y Tribunal de Ética previstos en este reglamento;
D)    Propugnar la sanción de una ley de creación del Colegio de Médicos Homeópatas con facultad de matriculación y control del ejercicio profesional en el ámbito nacional;
E)    Brindar a los colegiados asesoramiento administrativo, legal e impositivo para el mejor desenvolvimiento profesional;
F)     Organizar o participar en la realización de cursos, conferencias, debates, jornadas, mesas redondas , ateneos y seminarios;
G)    Impulsar programas de capacitación, perfeccionamiento y actualización destinados a los profesionales registrados;
H)    Vincularse a otros colegios, públicos o no, del país y/o del extranjero;
I)        Crear, sostener y organizar un banco de datos de los registrados;
J)      Publicar revistas, boletines informativos y todo material didáctico y bibliográfico que mejor aporte al conocimiento de la existencia y funciones del Colegio y las actividades de éste y los colegiados, todo ello sin fines de lucro;
K)    Entregar diplomas o menciones recordatorias a los profesionales que hayan cumplido 25 años de inscripción en el Registro.

Entre sus muchos beneficios para los asociados, resalta el de haber conseguido para ellos un seguro de mala praxis que unifica la práctica clínica y la homeopática, dando la posibilidad de que los médicos especialistas en otras disciplinas puedan acordar con la compañía aseguradora, que dicha disciplina sea asegurada junto con la práctica de la homeopatía.

Por ser un lugar de encuentro entre los verdaderos homeópatas unicistas, es fundamental que cada homeópata que comulgue con los principios inclaudicables de la Homeopatía Hahnemanniana se asocie a nuestro Colegio para defender desde allí los fundamentos de “esa Medicina” que surgiera de la mente brillante de Samuel Hahnemann.

REVISTA DE REVISTAS


Hemos recibido el newsletter oficial virtual de la Liga Medicorum Homoeopathica Internationalis, volumen 18, en el que se pasa revista a las actividades y acontecimientos del año 2012.

Un capítulo interesante de la publicación es el que recoge los reportes de los vicepresidentes de cada país, reflejo de las diferentes realidades nacionales con respecto a la formación y la práctica homeopáticas.

En este número, el Dr. Gustavo Cataldi, quien hasta septiembre de 2012 fuera vicepresidente por nuestro país, publica el siguiente comentario:

La práctica homeopática en la Argentina está garantizada por cursos de alto nivel dirigidos a médicos, odontólogos, veterinarios y farmacéuticos por instituciones que siguen los standards educacionales sugeridos por la Liga Medicorum Homoeopathica Internationalis. Por su nivel de excelencia, los profesores de instituciones argentinas son requeridos frecuentemente por diferentes países. Este hecho confirma que la homeopatía argentina sigue vigente desde los tiempos del doctor Tomás Pablo Paschero, quien fuera renombrado presidente de la LMHI. La Federación de Asociaciones Médicas Argentinas (FAMHA), reúne a las más prestigiosas instituciones educativas que mantienen vivo su legado.


El 28 de septiembre de 2012, la Dra. Silvia Mercado, Profesora Titular de la AMHA, fue elegida vicepresidente por Argentina de la Liga Medicorum Homoeopathica Internationalis. El cargo representa una responsabilidad vasta y compleja, que el estatuto de la Liga sintetiza como “el elemento crucial en las funciones de la Liga” por ser el nexo permanente entre el Consejo Internacional y las organizaciones homeopáticas de las distintas naciones.

EL PENSAMIENTO VIVO DE...

LA VIGENCIA DEL PENSAMIENTO DE HAHNEMANN EN NUESTRA ÉPOCA*
Dr. Gustavo Cataldi**

Curiosamente la definición de salud no ha sido abordada con asiduidad en trabajos, ni abordada por organismos que se dedican a hablar sobre las enfermedades humanas.
Se tratan las patologías, pero no se define qué se considera salud en las personas, ya sea en forma particular o comunitaria.
Que recuerde, en mi paso por la Universidad de Buenos Aires o en mis veinte años de actividad hospitalaria, nadie me habló precisamente acerca de qué es la salud, aunque yo estaba siendo entrenado para que lograra la misma en los pacientes a mi cargo.
El Preámbulo de la Constitución de la Organización Mundial de la Salud de 1948, define la Salud diciendo que la misma “no es sólo la ausencia de debilidad y enfermedad sino también un estado de completo bienestar físico, mental y social”.[1]
Esta definición provoca las siguientes reflexiones:

  1. La salud no se define sólo por una caracterización negativa -la ausencia de debilidad (infirmity) y de enfermedad (disease)-, y es coherente que así sea, ya que esta parte de la definición es tautológica. En efecto, definir la salud como la ausencia de enfermedad nada agregaría a nuestro conocimiento. Inversamente podríamos señalar a la enfermedad como ausencia de salud, y nadie saldría de aquí sabiendo qué es la salud y qué la enfermedad.
  2. Lo importante de la definición estriba en su parte positiva: “estado de bienestar físico, mental y social”. Ahora bien, cabe también señalar algunas cuestiones respecto a esto.
a)     En primer lugar: hay aquí una separación de ítems (lo físico, lo mental y lo social). Pero esta distinción no se compromete a lo que se alude con “lo físico” o con “lo mental”.
b)     En segundo lugar: ¿qué es un estado de “bienestar”?. La respuesta surge rápida e intuitiva: bienestar, simplemente es “estar” o “sentirse” bien. Sin embargo, esta cuestión no es tan fácil de zanjar. En efecto, “sentirse bien” involucra un estado subjetivo de cada persona, y no sólo la objetivación del médico que no encuentra nada anormal en su paciente. Respecto a esto, podemos aludir a la distinción que está presente en el idioma inglés, más rico que el español o el francés, para aludir al término “enfermedad”. En español no hay más que un término común (enfermedad) –así como en francés, maladie-  para designar a la patología, sea experimentada por el paciente, sea objetivada por el médico. El idioma inglés, en cambio, designa a la primera opción (la enfermedad padecida) con el término illness, y a la segunda (la enfermedad como objeto de estudio por parte del médico) con la palabra disease. Se evidencia entonces que para esta definición es de suma importancia el estado subjetivo de bienestar, aunque no puede dejar de señalarse lo engorroso de comprobar este fenómeno para el médico, ya que esto puede depender de muchos factores ajenos al acto médico de curar, comenzando por el cultural: ¿es semejante la sensación de bienestar a conseguir por parte del médico en un norteamericano, en un sudamericano, en un europeo, en un indio, en un tibetano, etc.? ¿Acaso no ha variado el concepto de bienestar a través de las épocas?
c)      Asimismo, bajo esta definición, se plantea el siguiente interrogante: ¿qué sucede en una persona que “se siente” bien física y psíquicamente y tiene una adecuada inserción social, pero, sin que lo note, presenta en su organismo los inicios de una patología, por ejemplo, cancerosa? ¿Acaso no es una persona enferma?
d)     Con todo, la definición, imperfecta pero bien intencionada, está apuntando a una concepción más amplia que la mera remoción de una patología –cualquiera sea- en el paciente: el objetivo es más integral, e involucra a que la persona se sienta bien no sólo física, sino también psíquicamente y con un adecuado desarrollo social. Este fue el sentido que tenían aquellos fundadores de la OMS al elaborar esta definición.

Reconociendo entonces la importancia del aspecto subjetivo que otorgó desde su inicio la OMS a la Salud, cabe entonces preguntarse si los estudiantes de Medicina de las diferentes universidades salen preparados para esta búsqueda en los pacientes a los que asisten.
Si analizamos cómo ha evolucionado el paradigma biomédico en el que se desarrolla la enseñanza y la práctica médica de nuestros días, la respuesta es negativa.
El objetivo último en biomedicina es que la práctica médica sea objetiva, neutral y científica. Esto significa que el médico debe tener conocimientos especializados para detectar cuál es la falla del paciente que está frente suyo, considerado éste como un organismo, una especie de máquina a la que se le debe detectar en dónde, cómo y porqué se desarrolla su enfermedad.
Y la enfermedad es considerada de acuerdo a cualquier desviación de los parámetros considerados normales en el funcionamiento de esa máquina-organismo.
En esta visión, las causas últimas de la anormalidad que se detecta en el paciente son físicas: algún desarreglo en alguna parte de la bioquímica celular de un órgano, aparato o sistema, que desencadena una serie de fenómenos en cascada que produce la enfermedad.
Incluso las enfermedades mentales presentan esta sucesión: neurotransmisores en exceso o en carencia producen la alteración de ese procesador refinado que es el cerebro, muy complejo por cierto, pero al que se le puede aplicar perfectamente la metáfora computacional para definirlo. Y es nada más que esa alteración la que define el comportamiento enfermo de cada individuo. Aún sin alteración, la bioquímica cerebral determina una “conducta sana”, por lo que un comportamiento “normal”, -incluyéndose allí los sentimientos y las pasiones que determinan la conducta-, no escapa a los límites de causas físicas.
En los términos que ya señalara en cuanto a la distinción del inglés entre disease e illness, François Laplantine[2], nos dice “en este encuentro entre la enfermedad en tanto se experimenta subjetivamente (illness) y la forma en que es científicamente observada y objetivada (disease), la práctica biomédica consiste en subordinar íntegramente la primera a la segunda”.

La terapéutica en este paradigma debe intentar intervenir en alguna parte de la cascada fisiopatológica, en lo posible, en la primera causa, de orden biofísico.
Las investigaciones en terapéutica son dirigidas a conseguir fármacos que enmienden esa cascada hacia la normalidad.
Finalmente, un objetivo principal de la biomedicina en la actualidad es encontrar la determinación genética de cada enfermedad, y la solución final podría ser una intervención a ese nivel, antes incluso de que la anormalidad se desencadene.

No cabe duda que el avance en el conocimiento de la aparente génesis y de la fisiopatología de las enfermedades ha sido impresionante y que la tecnología aplicada al diagnóstico y tratamiento se ha incrementado en forma exponencial.
A la par de este colosal desarrollo, ha aumentado una desigualdad social en el acceso a la salud, de la que somos testigos en la actualidad, y no sólo en países subdesarrollados, sino también, por ejemplo, en Estados Unidos de Norteamérica, en donde su actual presidente está bregando por una prestación de salud más justa.

La visión del paradigma de la Homeopatía no desestima los avances conseguidos en el conocimiento de la fisiopatología de las enfermedades.
No rechaza ni desestima el conocimiento de cómo se producen las enfermedades en su manifestación orgánica.
Sólo que no acuerda con el paradigma biomédico acerca de qué es lo que produce la patología.
La verdadera génesis de la enfermedad para la Homeopatía no se produce en la cascada que ocurre cuando el cauce de las aguas ya se ha desencadenado, sino en el motor que echa a andar la cascada.
Este motor, no es de orden físico –diferencia fundamental con la biomedicina-, sino que es no-material, y produce inicialmente cambios dinámicos, previos a los mecánicos que se evidencian luego en la fisiopatología de cualquier enfermedad clínica.
El paradigma de la Homeopatía, fundamentado en una filosofía de la biología de corte vitalista, difiere por lo tanto radicalmente en lo que es la génesis de la enfermedad.
La consecuencia es que también difiere la terapéutica, la que debe ser realizada mediante una acción dinámica del remedio que desactive ese motor –inmaterial- presente en la inmaterialidad del principio vital del paciente, y que puso en marcha la sucesión mecánica de hechos que luego se producen.
Por ello, ante la inmaterialidad del motor se debe presentar la inmaterialidad de un remedio, una substancia altamente diluida y dinamizada, en la cual ya no hay materia sino substancia en el sentido metafísico del término, correspondiente a la substancia en bruto de la que se partió en la elaboración del remedio.
Al mover las aguas durante la enfermedad, ese motor inmaterial no sólo las agita de modo de producir una cascada que materialice mecanismos a su vez productores de una patología orgánica. Su repercusión es en todo sentido, y alcanza todo lugar en que el fluido se halle presente.
Por tanto, decimos en Homeopatía que es en todo el paciente en donde está presente la enfermedad, y no sólo en un órgano, aparato o sistema.
Y al decir todo -concepción holística-, también hablamos de la psique, y, por tanto, de la subjetividad del paciente.
No existe para la Homeopatía una escisión entre lo psíquico y lo somático. Pero, a diferencia del reduccionismo de la biomedicina, que propone a los estados mentales como meros procesos físicos, -por lo tanto, un único plano, material-, la Homeopatía postula que ambos ámbitos están intrincados mediante el fluido vital, que los reúne a modo de unidad inescindible.
Por lo tanto, la enfermedad se manifiesta no sólo en un aspecto orgánico, sino también en rasgos psíquicos o en rasgos que hacen al paciente como una totalidad, y que son condicionantes de la conducta del mismo a lo largo de su vida.
En la primera parte del § 9 de su obra capital, el Órganon, Hahnemann, el descubridor de la Homeopatía, nos dice: “En el estado sano de la persona, el poder vital como de índole espiritual (autocrático) actúa en forma ilimitada. Como dýnamis anima al cuerpo material (organismo) y mantiene sus partes en un estado armónico admirable en sensaciones y funciones (...)”.
Se expresa aquí el concepto de salud para la Homeopatía: un estado de equilibrio, de armonía en la que se encuentra el poder vital que anima el organismo por entero.
De esta forma, cualquier entidad clínica por la que consulte nuestro paciente –sea física o psíquica- es la expresión de un desequilibrio vital, un drama vitae que aparece ante nosotros en forma de enfermedad clínica, pero que involucra al paciente como  un todo, y a lo largo de la vida de éste. Es aquí donde estriba una diferencia fundamental con el actual paradigma hegemónico.
En el § 11 Hahnemann nos dice cuál es su concepción acerca de la enfermedad: “Cuando una persona se enferma, debido a la influencia dinámica de un agente mórbido hostil, originalmente sólo se altera este poder vital (principio vital) como de índole espiritual, automático, presente en todo el organismo (...) Este poder, invisible y solamente reconocible por sus efectos en el organismo, da a conocer su alteración mórbida solamente por expresiones morbosas en sensaciones y funciones, es decir, por síntomas patológicos (...)”.

Se muestra aquí que el concepto de salud de la Homeopatía es más cercano a la imperfecta definición otorgada por la OMS en 1948, ya que no toma en cuenta sólo el aspecto que puede ser objetivado de la enfermedad, sino también la subjetividad del enfermo.
La biomedicina, en cambio, trata fundamentalmente de objetivar la enfermedad.
Apelaré a una cita a la que ya hice referencia en otra oportunidad de la antropóloga en medicina Vera Kalitzkus[3] acerca de la biomedicina:

Se la considera que está fundada sobre principios científicos, objetivos, que no son distorsionados por otros factores, subjetivos o culturales. Sus concepciones  y terapias son comprendidas como universales y así pueden ser transferidos y practicados en todo el mundo[4].

Vemos así una gran divergencia entre la meta de ese paradigma respecto de la definición dada por la OMS, y la gran cercanía de la concepción de Salud entre la Homeopatía y dicha definición.

En 1986, la OMS emitió un documento producido durante la primera conferencia internacional de promoción de la Salud, realizada en Ottawa, Canadá, y que  modifica la definición dada en 1948. Allí, se dice que la salud “es un recurso para cada día de la vida, no el objetivo de vivir. La salud es un concepto positivo que enfatiza los recursos personales y sociales tanto como las capacidades físicas”.[5]
Extraemos de esta definición las siguientes reflexiones:

  1. Nuevamente se resalta que la salud involucra nuevamente tres aspectos: el físico, el social, y el personal (en reemplazo del psíquico, enunciado en la anterior definición).
  2. Le cabe, por tanto, el mismo tipo de observación que hiciera respecto de la primera definición: falta de aclaración respecto de los términos que se emplean.
  3. Sin embargo, hay aquí una modificación fundamental que vale la pena resaltar: la salud NO es un fin es sí mismo, sino que es un recurso, una condición necesaria para el desarrollo de la vida diaria. Y es un recurso que permite el desarrollo personal y social. Esta parte propone no “vivir” para la salud, sino “ser saludable” para poder vivir.

Nada de esto es prioridad en el paradigma biomédico.
Aún más. La medicalización de la sociedad que ha partido desde el paradigma hegemónico ha logrado que cada persona sienta que es un enfermo, ya que es muy difícil cumplir con todos los parámetros de “normalidad” que rige desde el poder médico.
Este poder se ejerce desde las diferentes Instituciones o Asociaciones médicas especializadas en cada área.
Y si la Institución es norteamericana, su palabra parece aún más autorizada.
La comunidad médica “seria” debe buscar en sus pacientes el nivel de colesterol LDL aconsejado por la American Heart Association o clasificar a sus enfermos según el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DMS) promulgado por la American Psychiatric Association, quienes se erigen como nuevo Leviatán del control de salud de la población. Este factor de la Medicina como ejercicio de poder ya ha sido advertido por Foucault cuando nos hablara de las sociedades de control.
Se “inventan” así enfermedades o se alerta contra el peligro de terribles epidemias, cosa que, por cierto, da grandes réditos a la industria farmacéutica.
La idea de “invención” de enfermedades, que aumenta el “poder médico” está magistralmente relatada en la obra de teatro Knock o el triunfo de la medicina, escrita por Jules Romains y estrenada en 1923. En ella se ridiculizan hasta el dramatismo los pasos de Knock, nuevo médico rural, quien comienza en el pueblo en el que le toca ejercer a intentar convencer a sus habitantes que –de una forma u otra- todos eran enfermos.
No estoy aquí queriendo demonizar al poder médico ni hablando en contra de aquellos médicos que en su consultorio, sanatorio u hospital intentan –de buena fe- un alivio para su paciente.
Simplemente, tanto las Instituciones médicas como los que ejercen bajo sus estrictas normas están imposibilitados de hacer otra cosa. Al estar instalados dentro del paradigma hegemónico, ni siquiera pueden -en general- ver otras posibilidades o cuestionarse estos dictámenes. Con el correr de su práctica, muchos profesionales van notando la relatividad de las normas, pero ya es difícil –aunque no imposible- en ellos el cambio.
Tal como dijera Florencio Escardó, “el médico es el producto de un sistema que lo determina a ser como es, y sobre todo que, haciéndolo dueño de un único punto de vista, lo hace un agente de no-cambio”.[6]
Bajo esta medicalización de la vida, la salud se convierte en un fin, un objetivo excluyente en la vida de las personas, y no un medio que permita su desarrollo.

Si volvemos a la modificación de la definición, nuevamente la Homeopatía se acerca a la visión de la OMS.
En efecto, si recurrimos al final del ya citado § 9 del Órganon, Hahnemann nos dice: “(...) De este modo nuestro juicioso espíritu puede utilizar libremente este instrumento vivo y sano para los propósitos más elevados de nuestra existencia”
Hahnemann pone aquí de manifiesto que el estado de equilibrio que logra el poder vital en salud permite al espíritu encaminarse a un fin elevado. O sea que el estado de salud o enfermedad condiciona las posibilidades de desarrollo del ser humano. Este agregado de Hahnemann en el parágrafo en donde enuncia qué es el estado de salud es un magnífico antecedente, inusual para la época en que fuera escrito, de la definición dada en 1986 por la OMS.
Redoblando la apuesta, Paschero propugnaba a la salud como un medio para conseguir el desprendimiento en la vida del paciente de una actitud egoísta y lograr en cambio una conducta dativa hacia la sociedad:

La salud verdadera e ideal es la que el hombre alcanza cuando ha logrado un nivel de conciencia en el que se siente regido por una relación esencial con el prójimo.[7]

La Salud se vuelve así un objetivo que surge de la relación médico-paciente, pero no un objetivo de vida del último, sino un instrumento para su desarrollo.

De esta forma, partiendo desde definiciones dadas por la misma OMS, que son acordes con un espíritu amplio y que tienen en cuenta a la enfermedad como un desarreglo desde un punto de vista psico-físico-social y que condiciona su desarrollo como ser humano, creo haber mostrado que el paradigma vitalista de Hahnemann está vigente, y lo está más aún que los postulados implícitos que conlleva la práctica del paradigma hegemónico.

Invito a aquéllos que persiguen la práctica de una medicina humanista como la que propone la OMS desde sus comienzos al estudio de la Homeopatía, la que cumplimenta verdaderamente el espíritu idealista de sus fundadores.


[1] Health is a state of complete physical, mental and social well-being and not merely the absence of disease or infirmity. Preamble to the Constitution of the World Health Organization as adopted by the International Health Conference, New York, 19-22 June, 1946; signed on 22 July 1946 by the representatives of 61 States (Official Records of the World Health Organization, no. 2, p. 100) and entered into force on 7 April 1948
[2] François Laplantine (1999); Antropología de la Enfermedad, Ediciones del Sol.
[3] Biomedicine and Culture – The Cultural Basis of Modern Medicine and its Implications for Practice; 3rd. Global Conference on Making Sense of Health, Illness and Disease, Oxford 2004.
[4]It is believed to be founded on objective, scientific principles that are not distorted by cultural or other subjective factors. Its insights and therapies are understood to be universal and thus can be transferred and practiced worldwide”.
[5] Health is "a resource for everyday life, not the objective of living. Health is a positive concept emphasizing social and personal resources, as well as physical capacities." Ottawa Charter for Health Promotion, 1986.
 [6] Escardó, Florencio (2004). Carta abierta a los pacientes. Edic. FUNDASAP
[7] Candegabe, M.; Diálogos con Tomás Pablo Paschero, p. 112-5.

ECOS

Deseamos compartir con nuestros colegas compañeros de la FAMHA un artículo que nos pareció original y curioso por su planteo. Fue publicado con el título Repensando las Octavas de Kent en el volumen 93 N° 2, Verano 2000, pg. 89-93 del Journal of the American Institute of Homeopathy por los médicos veterinarios Glen Dupree y Susan Beal.



Como antecedente para quienes deseen saber más sobre las llamadas octavas de Kent, una breve información:

De acuerdo con su vastísima experiencia terapéutica, James Tyler Kent  encontró durante el ensayo de distintas potencias durante su práctica médica, que existía una relación entre los grados de las mismas muy semejante al que existe entre las octavas musicales. Y así como en las octavas no se pueden saltear notas sin deteriorar la armonía, pensó que tampoco en los grados de potencia es conveniente saltear algunos, ya que el resultado inmediato siempre es distinto del que el médico desea para su paciente. Si la potencia no guardó un determinado equilibrio en más con la anterior puede ser que se suceda una agravación innecesaria. Y si fuese en menos,  el resultado podría ser la detención de la mejoría o por el contrario la reaparición del desequilibrio en la fuerza vital que fue el motivo de consulta del paciente.
En este trabajo, los doctores Glen Dupree y Susan Beal explican los inconvenientes que se producen con algunas potencias, por ejemplo la 200 y la CM,  en la progresión de las octavas y exponen su propuesta para evitarlos.

Repensando las Octavas de Kent

Resumen
La utilización de las octavas de Kent en potencias ascendentes nos enfrenta a una fuente de desarmonía en el por otra parte elegante y armonioso sistema de la Homeopatía. Esto puede ser representado matemáticamente utilizando un sistema de coordenadas standard XY. Cuando las potencias son indicadas en forma simétrica, se sugiere una potencia de 135C en lugar de la 200C usada comúnmente. Este enfoque también nos permite aplicar los armónicos de escala tal como se usan en música para así validar la naturaleza universal de las leyes de la Homeopatía

Palabras clave: Gráficos, Octavas de Kent, Posología, Potencia

Cuando los científicos y los matemáticos hablan de un “sistema elegante”, se refieren a un sistema con preceptos simples y definidos con claridad, lo que da respuestas o resultados en una manera directa, sin tener que alterar esos preceptos para afrontar ninguna contingencia en un campo dado. Los sistemas realmente elegantes son bellos en su simplicidad, aunque inspiran respeto por su vastedad. Como homeópatas, somos afortunados por poder trabajar cotidianamente con un sistema tan elegante.

La Homeopatía es engañosamente simple: sólo requiere unas pocas leyes y reglas. Las leyes de la Homeopatía son universales y no requieren manipulación para permitir al sistema actuar libremente en una situación clínica, independientemente de la circunstancia y la especie de que se trate. Es esta plenitud de la Homeopatía lo que permite a los homeópatas realizar curaciones aparentemente milagrosas.

(Cuando hablamos de las Leyes Universales nos referimos a aquellos conceptos y prácticas que son elegantes y se mantienen verificables cuando se los aplica a diferentes y variadas disciplinas. En la aplicación del concepto en diversos campos uno puede encontrar distintas nomenclaturas y marcos para comunicar el concepto, pero los principios básicos permanecen inmutables. Ejemplos de Leyes Universales pueden incluir la Teoría del Caos, que se utiliza para explicar fenómenos tan diversos como los patrones del clima, las tendencias económicas y la fisonomía de la línea de las costas, los ritmos y las armonías que se manifiestan en los ritmos circadianos, las mareas, las variaciones estacionales, la música, los pulsos y, por supuesto, la Homeopatía, que es igualmente aplicable a cualquier especie animal –incluyendo la humana- y a cualquier conjunto de síntomas).

En casi todos los aspectos de la Homeopatía hay armonía, ritmo y equilibrio. Es esta elegancia casi perfecta lo que plantea incógnitas sobre un aspecto de la práctica cotidiana de la Homeopatía: las octavas de potencia de Kent.

(Usamos el término “octavas de potencia” para describir las series de selecciones de potencias comúnmente aceptadas. En sus Escritos Menores, Kent dice que hay grados o selecciones de potencias que coinciden con la excitabilidad del paciente. Él plantea una semejanza entre estos grados de potencia y las octavas musicales. Esta comparación de la selección de la potencia con las escalas musicales es desarrollada más adelante cuando Kent observa que el prescriptor no debe saltar de la primera a la última serie porque esto no “preserva el acorde”. Su consejo es “moverse en los tercios y en los quintos”, como se haría en un acorde musical. [1]

Si hay una queja repetida en la posología de la homeopatía, es sobre la potencia 200 cuando las potencias standard -6C, 12C, 30C, 200C, 1M, 10M, 50M y CM- se administran a un paciente en orden ascendente. Kent anotó que sus “octavas” comenzaban en la 30ª [1], pero las octavas (grados de selección de potencias) aceptadas en la actualidad en el uso común comienzan en la 6ª. Algunos homeópatas se han quejado de que la 200 es la potencia más capaz de provocar agravaciones severas cuando se utiliza la escala de potencias ascendente. Otros plantean la necesidad de una potencia intermedia entre la 30ª y la 200 porque sienten que el salto entre la 30ª y la 200 es demasiado grande [2].

Aprovechando una vez más la analogía musical de Kent, esta aparente falta de armonía en las octavas de potencia que se registra con el uso de potencias ascendentes del mismo remedio, es muy parecida a tocar un acorde musical que tiene una nota incorrecta en la progresión de ese acorde particular. Esta nota discordante puede sonar bastante bien si se la toca aislada, pero cuando se la toca en la progresión de la escala, aparece una obvia desarmonía.

Si hay alguna duda sobre el efecto causado por una nota discordante, toque un acorde C Mayor (C, E, G y C). El resultado será un sonido muy agradable. Ahora, reemplace la E por una F (C, F, G y C). La nota discordante arruinará la armonía. Sin embargo, tocada aisladamente, la nota F es agradable al oído. Pero en la progresión del acorde C Mayor, la nota F produce una desarmonía muy nítida.  

Esta idea es válida para cualquier acorde y cualquier nota que suene inarmónicamente dentro de un acorde. Acá no se trata de conocer las frecuencias numéricas exactas de las notas, sino el intervalo entre las relaciones de una con otra.

Cuando la potencia 200 se administra dentro de una serie ascendente, actúa con frecuencia como una nota inarmónica. En cambio, indicado como potencia única para un paciente, la 200 puede producir resultados maravillosos. Pero usada en escalas ascendentes (el paciente comienza con una 6, sube a una 12 a medida que su salud mejora, se le administra una 30 cuando la 12 ya no tiene potencia, etc),  la 200 parece tener tendencia a actuar con brusquedad porque está en desarmonía con las otras potencias en la escala de potencias (Octavas de Kent).

Estos pensamientos (pensamientos, realmente, porque sea real o imaginario, el problema es inmaterial. Lo importante es que las quejas han llegado de una variedad de fuentes y sugieren una zona de simetría imperfecta en el sistema homeopático) sobre un sistema tan armonioso en todo lo demás, nos incita a buscar la simetría.

Como no somos matemáticos, usamos un enfoque de prueba y error al graficar y representar distintos aspectos de las Octavas de Kent. En nuestras exploraciones, el punto de partida lógico parece ser los logaritmos, dado que los remedios se preparan en diluciones por múltiplos de diez. Cuando este enfoque fracasa en producir un gráfico útil sin recurrir a manipulaciones retorcidas, entonces comenzamos a investigar sistemas coordinados que usan los números de potencias absolutas. Esto tampoco produce un patrón viable ni elegante en el gráfico. Fue recién cuando usamos la 6ta. como potencia base y representamos los múltiplos intervalos de las octavas potencias cotejándolos contra el intervalo real, que encontramos un formato que mostraría fácil, lógicamente y sin manipulación, la asimetría de la 200 en las octavas de potencia.

La ilustración gráfica consolidó nuestra idea de que la armonía de las Octavas de Potencia yace no en la “frecuencia” o denominación numérica exacta sino más bien en la relación entre una potencia y las potencias adyacentes en la escala. Es la relación simétrica de los múltiplos de los intervalos entre potencias adyacentes, no la frecuencia real o denominación numérica de las potencias, lo que fracasa cuando se usa la 200 en la progresión de las Octavas de Potencia.

Representando los intervalos por múltiplos de la potencia precedente en lugar de hacerlo directamente como logaritmos o como valores de potencia, encontramos que la 200 era la única potencia en desarmonía por encima de la curva (cuando se la representa en un gráfico coordinado-standard XY). Razonamos que esta discontinuidad por encima de la curva avala el pensamiento de otros homeópatas; que la 200 es la potencia que con más frecuencia exhibe resultados indeseables (agravaciones) porque es la única potencia que está por encima de la curva.

También hay desarmonías en las potencias muy altas, con la CM quedando debajo de la curva. Es posible que esta potencia no haya causado comentarios porque es más baja que la próxima potencia indicada por los múltiplos ubicados en intervalos simétricos. Los efectos de esta desarmonía también pueden ser clínicamente evidentes porque no muchos homeópatas prescriben el nivel CM tanto como el 200.

Dicho simplemente, el intervalo entre la 6C y la 12C es un múltiplo de 2; entre la 12C y la 30C es un múltiplo de 2,5; entre 30C y 200C es un múltiplo de aproximadamente 6,667; entre la 200C y la 1M es un múltiplo de 5; entre 1M y 10M es un múltiplo de 10; entre la 10M y la 50M es un múltiplo de 5 y entre la 50M y la CM o 100M es un múltiplo de 2.

Para representar esa curva, use un gráfico coordinado-standard XY con el eje X representando los intervalos de potencia desde uno hasta 7 y el eje Y representando los múltiplos en intervalos entre uno y diez. Representando esas coordenadas múltiplos-intervalos, se crea una asimetría, una curva que hace un ascenso entre la 6 y la 200, una bajada en la 1M, una elevación en la 10M y después una suave caída en el CM. La asimetría imperfecta de esta curva es causada por el múltiplo intervalo entre la 30c y la 200C, indicando que la 200C está fuera de armonía con respecto a las otras potencias (cliquee sobre el gráfico A para ampliarlo)


Como la Homeopatía ha mostrado por sí misma ser un sistema elegante, con armonía y ritmo, con ecos en las Leyes Universales, uno esperaría que la curva creada en este gráfico fuera simétrica y equilibrada. Sin embargo no es así. De ahí que esta falta de simetría indica un aspecto en la práctica de la Homeopatía (el uso de esas potencias standard en orden ascendente según las Octavas de Kent) que no está en equilibrio con las leyes mayores del Universo.

Para manipular las curvas asimétricas descriptas anteriormente y hacerlas simétricas con el objeto de restablecer el equilibrio y la elegancia del sistema, uno puede planear una cura que “suavice la arruga”, una curva que conecte el tercer intervalo con el quinto y que suavice el defecto en el cuarto intervalo. Una vez hecho esto, podemos encontrar el intervalo simétrico y por lo tanto una potencia más armoniosa que la acostumbrada 200.

Usando los mismos valores de ejes descriptos antes, represente las mismas coordenadas múltiplo/intervalo pero omita el cuarto múltiplo/intervalo.
Trace nuevamente el gráfico conectando suavemente el tercero y el quinto múltiplo/intervalo. Ahora represente el cuarto múltiplo intervalo para que caiga en la línea del gráfico. El resultado es un múltiplo de 4.5 a partir del tercer intervalo y aproximadamente 7.5 a partir del quinto. Este múltiplo/intervalo corresponde a una potencia de 135C, más que a una de 200C. Rehaciendo la curva de esta manera se produce una curva de Bell simétrica. (cliquee sobre el gráfico B para ampliarlo)



Dado que las curvas de Bell son elementos universalmente reconocidos de patrones de distribución, nos parece que llegar a semejante gráfico es significativo. No sólo fundamenta el uso de las relaciones de intervalos de potencia de las octavas, sino que también refuerzan la premisa de que son realmente Leyes Universales las que gobiernan la Homeopatía.

En el extremo superior de la curva, encontramos que para estar en un equilibrio perfecto, la potencia CM debería transformarse en 125M y la próxima potencia en este armónico debería ser 250M. Los efectos de las “desarmonías de potencia” en esos niveles de potencia más altos debería tener menos consecuencias clínicas ya que son potencias usadas con menos frecuencia. Además, las siguientes potencias más altas sugeridas por las Octavas de Kent (CM), caen debajo de la curva. Clínicamente, reconocemos que una potencia más baja tiene menos potencial de agravaciones que una potencia relativamente más alta. Esto nuevamente enfatiza el hecho de que la 200 es potencialmente más capaz de producir agravaciones cuando se la usa en una secuencia, porque queda por encima de la curva armónica.

Alternativamente, podemos  representar los valores usando el múltiplo de intervalo más grande (que es 10, múltiplo entre 1M y 10M) y la intersección del eje Y con el eje X. Esto permite a los otros múltiplos de intervalo aumentar hacia el eje Y con múltiplo de intervalo de 10 y después decrecer a partir del eje Y desde la izquierda hacia la derecha. Aquí vemos una curva muy diferente, pero todavía simétrica.
Graficando los múltiplos de intervalo de esta manera, estamos imitando la escala musical que utiliza el “do central” como el mismo punto de referencia que nuestro eje Y. (cliquee sobre el gráfico C para ampliarlo)




No hemos tenido la oportunidad de aplicar esta teoría en la práctica. Tal vez sea más una curiosidad matemática que un tópico real en Homeopatía. Sin embargo en honor de la simetría y el equilibrio, y por la elegancia del sistema homeopático, es un interesante ejercicio mental haber sido capaces de relacionar problemas percibidos en el uso de una potencia particular con un punto de asimetría en la curva de intervalos. Este enfoque ofrece la oportunidad de restaurar la armonía al mismo tiempo que se da una respuesta a la queja de que la 200 es una potencia potencialmente disruptiva.

Si a esta altura usted no tuvo aún suficiente ejercitación mental, subamos un escalón más: ¿cómo cambiarían los resultados de nuestras prescripciones si siguiéramos la escala de intervalos con indiferencia de nuestro punto de partida?
Por ejemplo, comenzamos con un paciente con la 12C. Pronto tendremos que aumentar esta potencia. En el paradigma común de la práctica, la 30 debería ser su próxima elección, para seguir después con la 200C. En una práctica que siguiera los intervalos armónicos, deberíamos continuar la 12C con una potencia múltiplo de 2 más alta (el múltiplo entre la primera y la segunda potencia) o con una 24C. La 24C debería ser continuada por una potencia 2.5 más alta (el múltiplo entre la segunda y tercera potencia) o bien por una 60C. Y así en adelante.

Siguiendo este esquema, no sólo volveríamos locas a las farmacias homeopáticas, sino que descubriríamos también los maravillosos matices y la infinita gama de potencias en secuencia.

Aunque no esperamos que nadie prescriba rutinariamente siguiendo este esquema, la apreciación de las relaciones entre potencias adyacentes podría iniciar futuros caminos de exploración en el tratamiento de pacientes sensibles.

Con una visión más amplia, si los trabajos de homeopatía pudieran ser relacionados con los conceptos de otras disciplinas aceptadas y si se pudiera demostrar que el fenómeno de la homeopatía parece compartir explicaciones en común con otros modelos de trabajo comunes en otras disciplinas, la aceptación de la Homeopatía podría aumentar entre las filas de los escépticos.

Referencias
1.   Kent, J.T. Kent’s New Remedies, Clinical Cases, Lesser Writings, Aphorisms, and Precepts. New Delhi, India:B.Jain Publishers Pvt. Ltd. 19922. 
2.  Conversaciones personales y correspondencia con varios homeópatas.

Traducción: Dra. Mónica Müller

Entrada destacada